Tienes talento…¡y aún no lo sabes!

Dicen de él que es una aptitud o un conjunto de ellas que, de manera sobresaliente respecto de los demás, permite realizar una actividad de forma exitosa. ¿Te suena? Hablamos del talento. Pero al margen de la corriente habitual que tiende a homogeneizarlo todo, el talento es diferenciación.

FERNANDO ANSO

Y si lo pensamos bien, todas aquellas personas que se han hecho acreedoras de tal condición, han desafiado el pensar mayoritario, actuando de forma diferente y, en no pocas ocasiones, yendo a contra corriente. Esa actitud, que rompe los moldes establecidos, ya es en sí misma, un gran talento.

Pero si el talento es diferenciación, ¿porque trato de medirlo en comparación con los demás? Necesito aprender de los demás, no compararme con ellos, ni ser igual que ellos. Cuando me comparo constantemente con los demás, lejos de desarrollar mi talento, lo estoy destruyendo. Ya no estoy creando algo único e irrepetible, sino que estoy siguiendo un modelo ya existente. Estoy poniendo mi talento, mi rasgo diferenciador al servicio de la homogeneización. Y yo, me niego rotundamente. Necesito encontrar mi NaN (Not a Number) porque no soy un número, sino una persona auténticamente irrepetible.

Y es que cuando no me comparo con nadie aprendo y me desarrollo libre de complejos y de limitaciones que, aunque inútiles en la práctica, a menudo gobiernan mi pensamiento sobre el talento y mi capacidad para desarrollarlo. Necesito pensar sin limitación alguna.

Este preciado intangible, que demasiado a menudo pienso que existe en los demás pero no en mi, tiene dos aspectos que lo conforman. Por un lado, el talento es inteligencia cognitiva, la de toda la vida, que nos permite ser capaces de entender y aprender como fase previa a la ejecución sobresaliente de una actividad o tarea concreta.

Pero, además, y más importante para mí, el talento es en gran medida actitud. Y la actitud, es  emoción. Cuando deseas algo con mucha intensidad, no hay barrera que te detenga. Te podrá costar más o menos tiempo conseguirlo; será más o menos difícil lograrlo pero es evidente que tienes grandes posibilidades.

Mira a tu alrededor. De entre las personas que consideras con talento, ¿cuantas dirías que se muestran contrariadas e infelices con aquella actividad que desarrollan y ejecutan con talento? 
¿Acaso crees que su vida esta exenta de obstáculos y dificultades? ¡Claro que no! Sin embargo, aúnan aptitud y actitud. Un binomio que se retroalimenta de manera que cada día, la una hace mejor a la otra. Y el talento aparece, se desarrolla y crece y crece…

Llegados a este punto, tal vez empieces a entrever que el talento tiene mucho que ver, además de con la aptitud, con el grado de entusiasmo con el que realizas una actividad o un trabajo. Es decir, de cuanto te gusta lo que haces un día si y otro también. Y si sigues enredando un poco mas, tal vez te des cuenta que eres una persona con mucho talento, pero que puede que aún no lo hayas descubierto porque estas distraído dedicando tu vida a algo que no te entusiasma, que no te llena, que no hace que te levantes cada mañana con la intensidad y con la actitud adecuada para dar tu mejor versión.

Pregúntate qué haces bien. Probablemente, y si dedicas un poco de tu tiempo a pensar sobre ello, caigas en la cuenta de que aquello que se te da bien, también te hace sentir bien. Ahora, trasládalo a la realidad. ¿Cuánto de eso haces en tu día a día? Y pregúntate de nuevo: ¿Qué voy a hacer distinto mañana para orientarme hacia lo que mejor sé hacer?

Las personas con talento, no tengo ninguna duda, son aquellas personas que han sido valientes y han optado por hacer su propio camino, al margen del establecido para la mayoría, es decir, aquél que nos conduce a ser lo más parecidos los unos de los otros. Y lo que les caracteriza es que no solo no tienen miedo a ser diferentes sino que hacen de esa condición su mayor fortaleza.

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