Francisco Castaño Mena: «Todo el mundo es superdotado para algo»

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Autores-Aprender-a-educarLIBE MIMENZA CASTILLO

Francisco Castaño ha impartido una conferencia en la Biblioteca Bidebarrieta de Bilbao dentro del ciclo Gizazinea. En esta entrevista hace hincapié en la necesidad de formarse como padres, de aprender; porque «todo el mundo es superdotado para algo, pero si a un pez lo juzgas por su capacidad de trepar a un árbol, este se creerá que es un imbécil toda su vida».

Llegáis a Bilbao para impartir la conferencia Aprender a educar dentro la programación de Gizazinea. Eso sí, afirmáis en vuestra presentación que no tenéis la fórmula secreta de la educación, pero sí unas pautas educativas que ayudarán a conseguir que nuestros hijos e hijas sean unas personas felices, autónomas, responsables, ricas en valores y con capacidad para manejarse en la adversidad. ¿Podéis avanzar algunas de esas pautas?

El proyecto Aprender a educar nació con esa premisa. Hay muchos problemas en la adolescencia, en España por ejemplo, hay más de 400.000 familias que sufren violencia filio-parental y de estas, más de la mitad, son de clase media alta; por lo tanto, le puede pasar a cualquiera. Aparte de los casos de las psicopatologías o los trastornos, que responden al 1% de los chavales que se comportan mal, el resto de los casos se deben a una educación inadecuada. Por ello, mediante el proyecto Aprender a educar queremos incidir en la educación ofreciendo unas herramientas basadas en el sentido común; no decimos nada que nadie no sepa, pero lo explicamos de una forma amena, divertida, poniendo ejemplos prácticos que nos pasan a nosotros con nuestros hijos… De esta forma intentamos dar herramientas para que los padres sepan cómo hacerlo.

¿Necesita la sociedad de hoy en día aprender a educar? Antes nadie se preocupaba por estos asuntos…

Nosotros nos dedicamos a trabajar con chavales que se comportan mal, tanto en la televisión como en el instituto. Es curiosos que nuestro proyecto no se llama Aprender a portarse bien y va dirigido a los chicos, sino que se llama Aprender a educar y va dirigido a los padres.

El problema es que antes la sociedad era más sencilla, y además, los valores que primaban eran el respeto, la obediencia, el esfuerzo, la responsabilidad… por lo tanto, era más facil inculcar estos valores a los padres porque ya desde chicos los íbamos asimilando. Hoy en día, las cosas han cambiado: nuevas tecnologías, inmediatez, todo a de ser fácil, venimos de una época de bonanza donde no les hemos dicho que no… y esto, en realidad, es perjudicial. Así que los padres tenemos que aprender cómo inculcar valores, cómo hacer que obedezcan en esta sociedad actual en la que estamos teniendo tantos problemas.

«Los niños son unos vagos y los adolescentes están desmotivados. No serán nada el día de mañana.» ¿Es sano sostener este tipo de prejuicios?

Es, concretamente, lo que no se debe de hacer. Siempre etiquetamos: enseguida si un niño no estudia es un vago. Si a un chico tú le dices que es un vago, él mismo lo asume, y ya no estudia porque acaba creyendo que es un vago. Estos prejuicios no se pueden mantener.

Hablando por ejemplo del fracaso escolar, ese fracaso se gesta en primaria y se manifiesta en secundaria. Cuando los chavales empiezan a tener problemas, primero, hay que valorar si hay algún tipo de trastorno de aprendizaje; llevarlo a un buen psicopedagogo. Pero en muchos casos no hay ningún tipo de trastorno. Lo que ocurre es que en primaria algunos van bien, no hace falta que estudien porque se enteran de todo; y otros padres en cambio, estamos encima haciendo los deberes con ellos -incluso se los hacemos- y de esta forma van aprobando, pero luego llegan a secundaria y los chavales empiezan a suspender. Cuando un chaval suspende y no aprueba, o no quiere ir al cole, o se comporta mal, algo pasa; pero no lo etiquetemos, veamos qué pasa y pongamos una solución.

¿Con qué oración sustituiríais el prejuicio que hemos analizado?

Nosotros decimos que todo el mundo es superdotado para algo, pero si a un pez lo juzgas por su capacidad de trepar a un árbol, este se creerá que es un imbécil toda su vida; claro, un pez tiene la habilidad de nadar muy bien, pero es incapaz de trepar. Por lo tanto, si a un niño le etiquetas porque no se le dan bien las mates, porque no hace esto, porque tal… al final, lo vas a convertir en un inútil. No hay que etiquetar en ningún aspecto. No son vagos, sencillamente no hacen los deberes; no son malos, sencillamente no se comportan bien que es diferente.

¿Autoridad y amor son compatibles?

Son necesarias. Educar es como hacer un pastel, los dos ingredientes más importantes son la autoridad y el amor. Autoridad no es lo mismo que autoritarismo y amor no es lo mismo que sobreprotección; hay que calcular la justa medida. Si tu coges un pájaro en la mano y lo aprietas demasiado, se asfixia y se muere; pero si lo sueltas se va volando. Educar es tener esa medida justa para que el pájaro ni se muera, ni se vaya volando.

¿Cómo deberían de actuar los progenitores que identifican un cambio en la conducta de su hijo y/o hija? Es decir, ¿cuáles son las señales de alarma y cómo se actúa ante ellos?

Para empezar, no hay un cambio en el comportamiento de los hijos. Es verdad que en la adolescencia todos los niños se posicionan, empiezan a tener un juicio crítico, ya lo que digan los padres no vale, se van con los amigos… todo esto lo descontrolan un poco las hormonas; pero cuando un niño se comporta mal en la adolescencia es reflejo de todo lo que hemos hecho como padres a lo largo de la infancia (y vuelvo a repetir, salvo que haya alguna psicopatología o algún trastorno psicológico).

Aprender a educar nace con el objetivo de prevenir estas conductas. ¿Cuándo se detectan? Es fácil, los padres o las madres nos damos cuenta cuándo no podemos hacer que nuestro hijo pequeño haga lo que tiene que hacer -cuándo se sale con la suya siempre-; tú ya lo detectas, lo que ocurre es que piensas que cambiará, que madurará… Además, también existe el sentimiento de culpabilidad en algunos padres, o el sentimiento de «no he sabido hacerlo».  Claro, ¿frente a esto cuándo se pide ayuda? Cuando ya están apurados, cuando ya no saben qué hacer. Hace un par de años, los chicos con problemas que venían a la consulta, a la asesoría familar, eran de 14-15-16 años; ahora estamos teniendo muchos casos de 9-10-11 años. Estas manifestaciones tan tempranas se deben a conductas que han sido aprendidas desde la infancia, y después, agrabadas por la adolescencia. Tú como padre ya te das cuenta cuándo no puedes con tu hijo, lo que pasa es que al principio son cosas pequeñas, rabietas pequeñas; pero claro, no es lo mismo la rabieta de un niño de tres años, que la de uno de 16.

¿Qué le diríais a un padre y/o a una madre que se encuentra en una situación descontrolada, digamos al extremo: sufriendo la violencia verbal o física en la soledad de su hogar?

Que pida ayuda lo antes posible. Lo primero es que no lleguen al extremo. Cuando vean que algo no está bien que actúen; los chicos no cambian por arte de magia. Si tú ves que se ha comportado mal de pequeño, y que cuando madura sigue con los mismos comportamientos; estos serán agrabados, así que, que pidan ayuda a profesionales.

Alguna recomendación para los padres que tienen hijos adolescentes y se enfrentan a la (in)comunicación, al fracaso escolar, al consumo de drogas, al uso incontrolado de pantallas…

La máxima que tenemos en Aprender a educar es el siguiente: todo se educa. El uso de pantallas, la hora de salir, los estudios… todo se educa. El mensaje es que tenemos que aprender a educar, y es fácil.

Es una pena que en las escuelas de padres, cuando se organizan en colegios, ayuntamientos, municipios… algunos padres dicen: A mí no me tienen que enseñar a ser padre. Y otros directamente no acuden; suelen ir 10-12 madres -decimos madres porque, en realidad, mayoritariamente van madres; y además, son las que menos lo necesitan-. Un consejo: que se formen como padres.

¿Cuáles son los valores positivos y sanos que no deberían de faltar en ningún hogar?

Los valores positivos y sanos son el respeto, la responsabilidad, el esfuerzo, la perseverancia, ser agradecidos, la tolerancia… esos serían los valores que no deberían de faltar. Estos son totalmente incompatibles con los valores actuales de los chicos; recordemos que lo que importan a los adolescentes de hoy en día responde a cuántos me gustas tengo en Facebook, a cuántos grupos de Watsapp pertenezco, el culto a la imagen… Como padres nos debemos de poner las pilas para inculcar esos valores tradicionales que hemos mencionado; los tendremos que inculcar dentro de esta sociedad que no los permite -por eso es tan difícil educar-, nos corresponde a nosotros integrar esos valores en la sociedad porque son valores que hacen que una persona sea feliz el día de mañana.

Mucha gente se pregunta acerca de la autenticidad de las imágenes que se ven en el programa “Hermano Mayor”. ¿Lo que se ve en la tele es tal cual o está escenificado?

Lo que se ve en la tele es tal cual, es real. De hecho, tienen tanto éxito por eso, porque si por el contrario fueran actores se notaría. Son chavales que saben que lo están haciendo mal, pero no saben hacerlo de otra forma; les da igual que haya una cámara grabando. En el momento en que salta la chispa, es decir, no consiguen lo que quieren o los levantas pronto cuando no se quieren levantar, el comportamiento de ellos es el que vemos. Repito: no saben hacerlo de otra forma.

¿No les da vergüenza aparecer así ante la sociedad?

Fíjate, en muchos casos piden ayuda ellos. De hecho, ellos aceptan tener ayuda. Cuando ven las imágenes al final del programa, muchos no se conocen, te preguntan: ¿Esto lo hago yo?. No son conscientes de lo que están haciendo.

Yo creo que no les da vergüenza, ellos quieren participar porque aunque se comportan así, en realidad, no están bien; no se sienten bien, no son felices… necesitan un cambio y ellos creen que eso les va a dar el cambio. De hecho, cambian; a mí siempre me gusta reflejar que cuando acaba un caso, la cara de los chicos cambia, la cara está relajada. Eso no se puede actuar.

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