El pueblo unido…

El TTIP (Acuerdo de Comercio e Inversiones Transatlánticas) puede suponer una equiparación a la baja de las leyes de EEUU y la Unión Europea. Una equiparación que, evidentemente, la vamos a pagar las personas y el medio ambiente, y sólo va a beneficiar a las grandes corporaciones.

AITOR URRESTI

Se acaba de cumplir un año desde que se confirmó lo que hasta el momento era un secreto a voces. El Partido Verde Europeo filtró los documentos que demostraban que la Comisión Europea está pactando un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos: El TTIP (Acuerdo de Comercio e Inversiones Transatlánticas), que en el estado actual de los documentos que conocemos, puede suponer una equiparación a la baja de las leyes de EEUU y la Unión Europea. Una equiparación que evidentemente la vamos a pagar las personas y el medio ambiente, y sólo va a beneficiar a las grandes corporaciones. Para darnos cuenta del calado de las repercusiones que puede traer este acuerdo, hay que considerar que en EEUU no está fijada por ley la igualdad salarial de mujeres y hombres, o que la industria energética (la del fracking incluida) está exenta de buena parte de la legislación medioambiental.

Sabemos también que el TTIP no viene sólo, sino que lo acompañan otros tratados de igual perfil: el CETA con Canadá, o el TISA, que quiere liberalizar los servicios a nivel mundial. Una nueva remesa de tratados internacionales, que como en otras ocasiones, se quieren acordar de espaldas a la ciudadanía. Estos tratados, de llegar a aprobarse, van a suponer un golpe a la democracia a dos niveles: por un lado, porque en su debate no se ha permitido la participación ciudadana, y por otro, porque una vez en vigor puede anular muchas de las leyes de las que la ciudadanía se ha dotado, al igualar a la baja la normativa entre estados.

En el sector energético, estos tratados pueden suponer un auténtico desastre. Como ejemplo, el tratado CETA con Canadá ya está teniendo sus efectos, aún sin estar aprobado todavía. El parlamento europeo ha admitido la entrada de las arenas bituminosas de Canadá, a pesar de que podrían contravenir la normativa ambiental europea. La prohibición del fracking en países como Francia, Bulgaria o Rumanía podría ser anulada en el tribunal de arbitraje internacional, por penalizar a las empresas estadounidenses que lo practican. En la misma línea, la aprobación de estos tratados pueden dejar también a los estados atados de manos ante un intento de cambio de modelo energético que penalizase fuentes de energía contaminantes como el carbón o la energía nuclear.

En vista de las consecuencias que la aprobación de estos tratados pueden traer, la ciudadanía se ha empezado a movilizar, como en tantas otras ocasiones. Sabemos que podemos pararlos, no es la primera vez que se consigue. El próximo 18 de abril se ha convocado una jornada europea de lucha contra el TTIP, con manifestaciones en las grandes ciudades. Una de las claves para paralizar estos acuerdos es que la ciudadanía demuestre su rechazo al mismo. Por eso mismo, os animo a que participéis en las convocatorias, para demostrar una vez más que el pueblo unido…

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