La era de los intereses negativos

A pesar del déficit público cercano a los 60.000 millones de euros, la solvencia del Tesoro público y la confianza de los inversores internacionales en la deuda pública española ha mejorado notablemente.

IGNACIO TORO

Esta semana ha ocurrido algo inédito en la historia de España, algo histórico a lo que apenas se le ha prestado atención desde los principales medios de comunicación, a pesar de que nos supone un ahorro de miles de millones de euros cada año.

Este martes, por primera vez en la historia, España colocó deuda soberana en los mercados con tasas de interés negativas. En la subasta de letras a 6 meses del Tesoro español, los inversores adquirieron estas letras a una tasa de interés del -0,002 por ciento. Es un porcentaje minúsculo, pero el hecho de que los inversores paguen -y no cobren- por prestar dinero al Reino de España no deja de ser algo histórico.

Indudablemente, que los inversores paguen y no cobren por adquirir títulos de deuda se trata de una anomalía provocada por la intervención del Banco Central Europeo, que cada mes compra deuda soberana de los países de la Eurozona por 60.000 millones de euros. Estas compras multimillonarias inflan de manera artificial la demanda de bonos en beneficio del Tesoro, que puede colocar su deuda de forma más barata e incluso como hemos visto recientemente cobrando por ella.

Sin embargo, el notable avance de la deuda española en los mercados no se hubiera producido si el clima económico en España no hubiera mejorado de manera tan notable en los últimos tres años gracias a las medidas económicas adoptadas en nuestro país. El principal argumento de quienes se empeñan en restar méritos al Gobierno de Rajoy se centra en destacar la influencia del BCE -que he mencionado anteriormente- por encima de todas las cosas.

Sin embargo, para respaldar esto tendríamos que preguntarnos por qué Italia con un Gobierno socialista –el dirigido por Matteo Renzi- sigue en recesión mientras España se sitúa a la cabeza de la Eurozona en crecimiento económico. Todos mis lectores saben que Rajoy no es santo de mi devoción, pero negar que esto se deba a las acertadas políticas económicas emprendidas en España es mezquino e indefendible.
Los datos lo indican con claridad: España está dejando atrás una crisis que se agravó por las recetas empleadas hasta 2011, las mismas recetas fallidas que Podemos y el Partido Socialista defienden hoy.

Una nueva era para la economía española

Desde el verano de 2012, cuando la crisis de deuda alcanzó su cénit y golpeó con fuerza a España, la mejoría de la economía española ha sido notable en prácticamente todos los niveles. La última previsión de crecimiento económico para 2015 se sitúa en el 2,5 por ciento, por encima del 2 por ciento que creció el Producto Interior Bruto de España en el año pasado. Es más, el pasado mes fue, laboralmente, el mejor mes de marzo desde 2002 al salir del paro 60.214 personas.

La gran asignatura pendiente del Gobierno sigue siendo, sin embargo, reducir una cifra de déficit excesiva -5,7 por ciento del PIB- que se debe a que al ser año electoral el Gobierno haya bajado impuestos y detenido los recortes aplicados.

No obstante, a pesar del déficit público cercano a los 60.000 millones de euros la solvencia del Tesoro público y la confianza de los inversores internacionales en la deuda pública española ha mejorado notablemente. El hecho de que el Tesoro se financie a unos intereses históricamente bajos no es más que el comienzo de una nueva época dorada para la economía española.

Si el Gobierno paga menos intereses por su deuda, se puede permitir rebajar los impuestos. Si las empresas y trabajadores pagan menos impuestos, el incremento en el consumo y los beneficios favorece la contratación laboral. Al aumentar la contratación laboral, aumenta la recaudación fiscal y el consumo al haber más personas ganando un sueldo.

Y así sucesivamente hasta alcanzar la transformación de lo que era un círculo vicioso de destrucción de riqueza en un nuevo círculo virtuoso de prosperidad y crecimiento económico.

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