Berdeago, la feria vasca de la sostenibilidad ambiental se está celebrando este fin de semana en Durango. De esta localidad es originaria Leire Gorroño, quien participará con dos interesantes ponencias en Landako Gunea. La primera tendrá lugar hoy mismo a partir de las 11:30 de la mañana, en la que abordará las Alternativas al modelo energético actual y la segunda, se desarrollará mañana domingo a la misma hora , esta vez bajo el título de Energía Social. Leire es ingeniera de organización industrial con un máster en planificación y gestión sostenible de la energía por la Universidad de Aalborg, Dinamarca. Se ha especializado en una más rápida y rentable integración de las medidas de eficiencia energética y de las energías renovables. Entre los muchos temas que aborda en su trabajo está el del análisis de los aspectos sociales, la transferencia de conocimiento de unos proyectos a otros o el análisis de las alternativas más económicas para los consumidores finales.
Según un informe del Energy Watch Group el petróleo, el carbón, el gas y el uranio empezarán a declinar en 2017. A fecha de hoy, estos combustibles son los que generan más del 90% de la electricidad que consumimos. ¿Va a haber tiempo de hacer una transición ordenada hacía otro modelo?
Efectivamente dicho informe concluye que, aunque el pico del gas natural y el del carbono llegarán más tarde, el aumento en la producción de esos productos energéticos no será suficiente como para suplir la reducción de la producción del petróleo y del uranio por lo que el pico del conjunto se alcanzará en torno al 2017. Existen diversos estudios que analizan este tema y hay que admitir que las estimaciones en las que resultan presentan diferencias, pero la conclusión general que podemos extraer es que tanto las energías fósiles como el uranio se agotarán en un plazo más reducido del que nos gustaría. La alta dependencia mundial a estas fuentes de energía conllevará inevitablemente graves consecuencias económicas, conflictos políticos y desigualdades sociales salvo que seamos capaces de realizar una transición de modelo a tiempo.
La tasa de autoabastecimiento (relación entre energía primaria producida y consumo energético bruto) de Euskadi en 2013 fue del 6% según datos del EVE. Esta misma fuente afirma que sólo el 7,5% de la electricidad consumida en la comunidad autónoma provino de fuentes renovables ese año y que el 55,7% fue importado. Estos datos muestran la clara posición de vulnerabilidad de Euskadi y la necesidad urgente de unas políticas y estrategias energéticas muy sólidas que, sin olvidar la efectividad de costes y los aspectos sociales, nos permitan realizar la transición lo antes posible. Personalmente creo que todavía estamos a tiempo de que la transición sea ordenada, que retrasar lo inevitable no hará más que empeorar el problema y que, por consiguiente, tanto el Gobierno Vasco como el Gobierno Estatal deberían incluir la transición a otro modelo energético en su lista de prioridades.
¿Qué pasos habría que ir dando?
Lo ideal sería establecer unos objetivos ambiciosos y viables, con altas tasas de autoabastecimiento y utilización de fuentes renovables a largo plazo, para 2050, por ejemplo, y definir hitos intermedios como lo hacen Europa y otros países miembros. En ese mismo instante quedaría claro que la consecución de los hitos y el alcance de los objetivos sería imposible con la actual Ley del Sector Eléctrico (todavía con normativa pendiente de aprobación), las políticas de gasificación, la inversión destinada a la exploración y explotación de hidrocarburos y directivas europeas cumplidas a medias. Estaríamos hablando de una fuerte redefinición de las estrategias energéticas de este país; voluntad política, empresarial y ciudadana; inversiones grandes e inteligentes; una clara apuesta por la I+D+i; y colaboración internacional.
Frente a datos como los de Energy Watch Group, vemos que la gasolina este año está más barata que hace un año. Esto puede hacer pensar que hay oferta suficiente y que este tipo de informes son alarmistas.
Se trata de una situación pasajera sin lugar a dudas. El petróleo es un recurso finito, las reservas disponibles disminuyen día a día. Aunque existan temporadas de precios bajos, la tendencia no puede ser otra que al alza. Se habla de que estos precios inusualmente bajos se deben a una estrategia de los productores de petróleo para debilitar o incluso eliminar del mercado a sus competidores más directos –el fracking y las energías renovables− y mantener así su posición dominante.
Los objetivos de los diferentes gobiernos en esta materia quedan lejos de las propuestas que se hacen desde una buena parte del ámbito científico y del movimiento ecologista. ¿Los que toman decisiones manejan otros datos o las elecciones y sus intereses a corto plazo pesan más?
Personalmente me parece un sinsentido destinar dinero público a la investigación para después ignorar en gran medida las sugerencias de los investigadores. No cabe duda de que la política hoy en día tiene una perspectiva muy cortoplacista, orientada a la obtención de votos. En favor de los políticos, hay que admitir que el sector energético es muy complejo por las particularidades de los diversos sistemas energéticos, los múltiples agentes involucrados, la infinidad y disparidad de intereses y su impacto económico a todos los niveles de la sociedad. No obstante, todo ello no sirve de escusa para el gran paso atrás que se ha dado y personalmente opino que es el momento de definir unas políticas energéticas que obtengan el apoyo de la mayoría de los partidos políticos, la comunidad científica y los grupos ecologistas, si bien no en todos los aspectos, al menos en sus pilares.
Una mayor inversión en energías renovables, ¿será suficiente para amortiguar el impacto del sector energético en el medio ambiente?
Obviamente, las energías renovables tienen un impacto medioambiental muy inferior al de las energías fósiles o al del uranio. Sin embargo, no será suficiente para hacer frente al reto medioambiental que tenemos delante. Del mismo modo en el que hablamos de las 3Rs en el consumo de productos y sobretodo haciendo referencia a los envases o envoltorios, en lo que respecta a la energía también tenemos tres pautas, que, por orden de prioridad, son las siguientes: cambio de hábitos, eficiencia y energías renovables. El despilfarro energético conlleva unos impactos medioambientales innecesarios y repercute negativamente en el bolsillo de todos –cuanto mayor sea nuestra demanda mayor será “la factura” de las instalaciones de generación, transporte y distribución que tendremos que pagar entre todos.
¿Qué es la Tasa de Retorno Energético y de qué modo afecta a la implantación de un nuevo modelo energético?
La Tasa de Retorno Energético (TRE) es la relación entre la energía obtenida de un recurso energético y la energía utilizada para explotar el recurso. Una TRE inferior a 1 implica, por tanto, que la explotación de ese recurso no es rentable en términos energéticos ya que la energía que se requiere para ello es mayor que la que se obtiene. Cuanto mayor es la tasa más rentable es, desde el punto de vista energético, la explotación de un recurso. La TRE es, por lo tanto, una de las variables empleadas para comparar las diferentes fuentes de energía, una variable para la que las energías renovables suelen (o al menos solían) salir perdiendo al compararlas con el petróleo o el gas. A día de hoy existe una gran diferencia entre las TREs calculadas por algunos expertos y por otros debido a las diferencias en la metodología aplicada y sobre todo a los aspectos tenidos en cuenta. A pesar de esas diferencias, es de mencionar que si bien las energías renovables han ido aumentado su TRE a medida que se incorporaban innovaciones a las tecnologías de transformación, la del petróleo ha decrecido por tener que explotar yacimientos cada vez menos accesibles. Otros ejemplos de variables a tener en cuenta para la definición de estrategias energéticas son las emisiones de CO2 en relación a la energía producida, empleos creados por potencia instalada o por inversión realizada y coste por unidad de energía generada. Se suelen tener en cuenta todas ellas a la hora de definir estrategias energéticas, aunque las circunstancias e intereses de cada país o región suelen determinar cuáles priorizar frente a las demás.
En Euskal Herria, por ejemplo, ¿la dependencia energética que tenemos de qué manera nos puede afectar?
Lo primero que debemos tener en cuenta es que la mayoría de los recursos fósiles están en manos de países políticamente conflictivos con los que no nos queda otro remedio que llevarnos bien, no vaya a ser que nos corten el suministro. A medida que sigan reduciendo los recursos fósiles, cada vez será más complicado y caro conseguirlos –ya veremos la capacidad de negociación de España qué tal es. De no haber reducido nuestra dependencia energética para cuando los problemas de suministro de energías fósiles empiecen a darse, nos encontraríamos ante un problema grave y de difícil solución. Las limitaciones de suministro y los altos precios de la energía repercutirían en todos los usuarios, desde el consumidor doméstico hasta las empresas de todos los sectores. El impacto no solamente se reflejaría en las facturas energéticas, sino que resultaría en mayores índices de pobreza energética y la reducción inmediata de competitividad de las empresas de Euskal Herria en el mercado global. Además, los precios del resto de productos también subirían debido a unos mayores costes para su producción y transporte. Llegados a este punto, vamos vislumbrando los peligros no solamente de la dependencia energética de nuestro territorio, sino de toda dependencia significativa de cualquier bien básico como lo son los alimentos.
Durante la charla que diste el pasado año en Berdeago hablaste del modelo danés ¿Qué tiene de particular?
El modelo danés se caracteriza por su generación distribuida y la alta participación de la ciudadanía. Desde mediados de los 70, se han construido parques eólicos a raíz de iniciativas de los ciudadanos, quienes crean cooperativas para la explotación de los aerogeneradores. Igualmente, se han construido numerosos sistemas de calefacción urbana para mejorar la eficiencia de las viviendas y por lo general pertenecen a y son operados por los propios consumidores o por empresas públicas −no se permite obtener beneficios de generación y comercialización de calor. Del mismo modo, la red eléctrica de trasporte pertenece al estado y las redes de distribución a empresas públicas o cooperativas de consumidores.Este modelo no solamente ha permitido la reducción de los costes de la electricidad y de la calefacción, sino que además ha permitido generar empleo y beneficios económicos para los residentes locales, que deben sufrir las molestias creadas por los proyectos energéticos.
En la actualidad y con el objetivo de impulsar la economía de las zonas rurales y mitigar la resistencia frente a los aerogeneradores , se están planteando proyectos eólicos con modelos de propiedad comunitaria para que los aerogeneradores se conviertan en financieros de los proyectos de desarrollo local. Algunos ejemplos de estos proyectos pueden ser mejorar la competitividad de la principal actividad económica de la zona, mantener una escuela de una zona rural abierta u ofrecer servicios para el cuidado de las personas de la tercera edad. El modelo danés también tiene sus problemas y retos (no es oro todo lo que reluce), pero podría darnos más de una lección.

Muchas veces se habla de las posibilidades de creación de empleo de los sectores verdes. ¿Cuál sería la incidencia de estas alternativas que propones en la creación de nuevos puestos de trabajo?
Debido a la crisis económica del país y las altas tasas de desempleo, se está hablando mucho del número de empleos que podrían crearse si apostáramos por la eficiencia energética y las energías renovables. Normalmente esos datos suelen presentarse en relación a la inversión que se realice (tantos puestos de trabajo por cada millón de euros invertido). Si bien es cierto que la energía sostenible creará un mayor número de puestos de trabajo de los que destruirá en las “energías sucias”, debemos ser conscientes de que el número de empleos que se creen y dónde se creen dependerá de cómo se planteen los proyectos. Los empleos no se generan por el simple hecho de hacer una inversión. Además, no es lo mismo un puesto de trabajo local o un puesto de trabajo en otra comunidad autónoma o en otro país (porque la empresa a la que le compramos la tecnología opera allí), no es lo mismo el mantenimiento de unas placas fotovoltaicas (mantenimiento muy reducido y puntual) o un puesto de trabajo en una ingeniería que diseña parques solares, no es lo mismo un proyecto que tiene como objetivo el beneficio económico de unos pocos u otro que busca el beneficio de toda una comunidad al impulsar iniciativas para el desarrollo local, y así un largo etcétera. Es muy fácil decir que un proyecto energético generará puestos de trabajo, pero no tanto decir cuántos, dónde, de qué tipo y de qué duración.
¿La lucha por un modelo social más justo debe ir unida a la lucha por el cuidado de nuestro planeta?
Es imposible diseñar un modelo social más justo sin tener en cuenta el respeto por el medio ambiente y el planeta, que es nuestra casa y nuestro bien más preciado. Y recalco lo de nuestra, porque es de todos los humanos y seres vivos que en él cohabitamos. Todos tenemos los mismos derechos de disfrutar de un aire limpio, de agua potable, de alimentos saludables… y, mientras no nos demos cuenta de eso, difícilmente podremos crear un modelo más justo.