GAIZKA ESPARZA
Jorge Echegaray es miembro del Grupo Lobo Euskadi, licenciado en medio ambiente y especialista en biología de la conservación. Entre 2003 y 2009 coordinó el seguimiento no invasivo de lobos en nuestro territorio, iniciativa pionera en la península Ibérica. A día de hoy sigue dedicando buena parte de su tiempo a pedir que se habiliten mecanismos para asegurar la conservación de este carnívoro a largo plazo. En el marco de su trabajo de concienciación ha dado esta tarde una charla en la Ekoetxea, situada en la calle Pelota, número 5, del Casco Viejo de Bilbao. Antes de la cita, ha concedido una extensa entrevista a BBN.
En nuestra cultura, al contrario de lo que ocurre en otras, el lobo siempre ha gozado de muy mala fama. Tenemos la literatura e incluso el lenguaje como ejemplo de esto. Usamos frases como «Ver las orejas al lobo» o «Meterse en la boca del lobo», lo que demuestra que el miedo a este animal está muy arraigado entre nosotros ¿Está justificada esta fama?
No, en absoluto. Es hora de apostar por otros cuentos como «En boca del Lobo», de Iria Fafián, donde se resalta otro tipo de valores en las relaciones humanos-lobos. En términos globales, la mayor parte de las culturas profesan respeto y admiración por los grandes carnívoros, como los lobos, por su carácter místico, simbólico, totémico, etc. En la cultura «occidental», a la que calificamos como «avanzada», la moralidad hacia el resto de los componentes vivos de los ecosistemas dista de ser ejemplar y el ser humano se ha erigido en un intervencionista perenne de la naturaleza, alterándola cada vez más con cada una de sus acciones. El lobo ha gozado de mala fama por la influencia de perversas asociaciones religiosas entre el mal y los lobos a través de cuentos e iconos. Esta situación, en términos históricos es muy reciente.
Solemos tener miedo a lo desconocido, así que con tu ayuda vamos a intentar conocer un poco mejor a este carnívoro. Si no me equivoco, estamos hablando de un ser eminentemente social.
Las poblacionales de lobo destacan por presentar una estructura social jerarquizada, análoga a la humana. Pero esa estructura depende de múltiples factores, biológicos, ecológicos y también humanos, relacionados con su persecución.
La inteligencia creo que es otra de sus características…
Su psiquismo es muy elevado, ciertamente. Y eso le ha servido parcialmente para no formar parte del elenco de especies extinguidas por la caza humana, a pesar de nuestros esfuerzos históricos en exterminarlos con ahínco. De forma natural, el lobo era probablemente el segundo mamífero más ampliamente extendido en el planeta Tierra, justo después del ser humano. En tiempos históricos, esa distribución se ha reducido significativamente, hasta el punto de que ha desaparecido de buena parte de su área de distribución original, especialmente de Europa occidental, el sur del continente asiático y de buena parte de América del norte. Así, en Norteamérica se estimaba la presencia histórica de dos millones de ejemplares, pero como consecuencia de la caza y destrucción de sus hábitats esa población redujo un 97% y el lobo ha desaparecido del 60% de su área de distribución original. En la península Ibérica, el lobo ha perdido el 75% de su área de distribución original y el 81% de sus efectivos estimados a mediados del s. XIX. Todo lo anterior da una medida de la enorme persecución humana. Parece necesario que el ser humano aprenda a compartir con otros seres vivos, territorios que no le pertenecen en exclusividad.
¿Cuando se mata a un lobo, de qué manera se altera esa estructura social?
El lobo es un animal eminentemente social y cada individuo de una manada desempeña una función, de forma análoga a las sociedades humanas. Los ejemplares adultos son los individuos más experimentados, y constituyen los «líderes» en las acciones de caza. Si esos lobos tan experimentados son matados por el ser humano, los grupos se desestructuran, pueden desintegrarse incluso, y ello repercute en la búsqueda del sustento alimenticio. Ya no son grupos organizados y cohesionadas en la caza de ungulados silvestres, sino ejemplares que buscan presas fáciles, como el ganado extensivo que pasta libremente, sin vigilancia y sin pastores. Por otra parte, si los lobos que matamos son ejemplares no dominantes, la fuerza numérica del grupo también se reduce, ya que esos individuos también contribuyen a la caza de presas eminentemente silvestres. Por tanto, si matamos a los lobos no matamos solo a los individuos sino que desestructuramos la organización de sus unidades sociales.
Esta alteración, ¿qué consecuencias puede acarrear?
Uno de los objetivos que los humanos habitualmente esgrimimos para avalar las muertes de los lobos es reducir los daños que en ocasiones realizan sobre la ganadería extensiva. En Asturias y en EE.UU, varios equipos de investigadores científicos han comprobado que las medidas letales sobre ejemplares de lobos implican efectos inesperados en el fin que inicialmente se persigue (reducir los daños). Sorprendentemente, no se redujo el número y la magnitud de los daños, sino que se contabilizaron más ataques al ganado como consecuencia de la alteración de la estructura social de los grupos de lobos.
¿Es cierto que existe una fuerte tendencia a la monogamia en las parejas de lobos?
En poblaciones no sujetas al control humano, caso de algunos parques nacionales norteamericanos, se ha comprobado como los comportamientos reproductores pueden ser mucho más complejos que esa perspectiva de monogamia, lo cual obedece a múltiples factores ecológicos y biológicos. En las poblaciones sometidas a fuertes fluctuaciones demográficas, como consecuencia de la presión humana directa o indirecta, los grupos tienden a ser pequeños y dominados por una única pareja reproductora, pero eso no supone monogamia estricta, al igual que en los humanos. Además, la monogamia parece difícil de sostenerse en el tiempo en lugares donde los lobos son sistemáticamente abatidos, como España.
Tengo entendido que los lobeznos son alimentados indistintamente por cualquier miembro de la manada ¿Esto es así?
La existencia de vínculos familiares y sociales conlleva una serie de responsabilidades y también beneficios sociales, como en cualquier grupo social, incluido el humano. En ese sentido, porque existen múltiples factores asociados a la cohesión social, podemos afirmar que los cachorros se benefician de lobos integrados en grupos sociales estructurados y cohesionados, al igual que en nuestra especie. Pero hay que reseñar que la mayor parte del «peso» en las conductas de alimentación de los cachorros parece recaer en los progenitores.
¿Cómo funciona la jerarquía en las manadas?
La mayoría del conocimiento social y científico de los grupos de lobos proviene del estudio de ejemplares en cautividad, es decir, individuos privados de libertad y de estímulos externos, lo cual, simplifica enormemente la riqueza de interacciones sociales entre sí y con el entorno. Estas condiciones permiten replicar y validar ciertas hipótesis debido al manejo controlado. En ambientes salvajes, donde la influencia humana es mínima y donde a los lobos no se los mata, la variabilidad y riqueza de comportamientos lobunos es mucho mayor. A pesar de todo lo anterior, habitualmente, se señala la existencia de ejemplares dominantes, habitualmente reproductores, y otros ejemplares, asociados al grupo, generalmente con vínculos familiares, pero cuya cohesión a la manada es más laxa.

Algunos países europeos estudian la reintroducción del lobo como forma de mejorar los ecosistemas. ¿De qué manera pueden contribuir a esta mejora?
Tal y como dices, en algunos países europeos se estudia la reintroducción del lobo como herramienta de restauración de ecosistemas, pero en Norteamérica ya se valora positivamente su efecto. En términos generales, los lobos producen en los ecosistemas numerosos efectos positivos. Su aparición en espacios de los que habían sido exterminados ha traído consigo la recuperación de la vegetación natural, un aumento en la heterogeneidad de los hábitats y una mejora de los ecotonos (zonas de transición entre ecosistemas, que albergan una elevada biodiversidad). De esta forma, ha aumentado la extensión de ciertos hábitats y de las condiciones necesarias para el asentamiento de comunidades más diversas de insectos, aves, mamíferos, anfibios e incluso peces, redundando en un aumento de la biodiversidad. Estos efectos son directos y tangibles como consecuencia de la depredación que el lobo ejerce sobre ungulados silvestres, sobre el control de depredadores menores favoreciendo además a especies necrófagas y amenazadas, como consecuencia de la depredación que ejerce sobre grandes mamíferos, lo cual provee de más recursos alimenticios a dichas especies. Todos los efectos que producen los lobos son positivos para la biodiversidad. Enmascararlos, oscurecerlos u obviarlos es una torpe estrategia. Pero sorprendentemente, estos argumentos basados en evidencias científicas son sistemáticamente obviados en Euskadi por algunos gestores y sectores.
¿Ahora mismo en Euskadi cuántos lobos viven?
Es una pregunta difícil sino imposible de responder con precisión. El lobo es una especie móvil, elusiva, y escasa por definición, incluso donde no se los persigue. Eso supone que el conteo de lobos es una tarea harto difícil, más aún en ambientes humanizados. Es por todas estas dificultades por las que resulta más útil hablar de tendencias y ceñirse a marcos temporales concretos. Desde finales de los años 80 del pasado siglo, el límite nororiental del área de distribución de la población de lobos ibéricos es Euskadi. Nuestra región supone el freno al avance de esta población que quiere recolonizar los montes vascos en su avance desde sus feudos en la Cordillera Cantábrica hacia los Pirineos.
En las últimas décadas, los eventos de reproducción de lobos rara vez acontecen en territorio vasco, y cuando lo hacen, se producen de forma irregular en el espacio y en el tiempo, porque los humanos se lo impedimos, no por ninguna razón de índole ecológica. Según los datos de 2013 enmarcados en el conteo regional de Catilla y León, tres de los cuatro territorios reproductores de lobos presentes en Burgos y que pueden tener influencia en el entorno vasco han desaparecido. Además, la situación en la vecina Burgos es la peor conocida en los últimos tiempos, como consecuencia de la elevada presión de la caza ilegal y el veneno. En Euskadi, la presión humana también es elevadísima. Así, según las estadísticas oficiales, sobre 63 lobos cuya muerte es conocida en Euskadi durante el período 1987-2005, el 40% murieron ilegalmente y el 50% en batidas de control autorizadas por la administración. Casualmente, ninguna diligencia judicial se ha abierto como consecuencia de la muerte ilegal de tantos lobos. No hay responsables.
Por otra parte, los métodos genéticos, más precisos en cuanto a la localización e identificación de ejemplares, sugieren un número muy variable y extremadamente reducido de ejemplares, inferior a la quincena de ejemplares al año en el mejor de los escenarios durante el período 2003-2009.
Teniendo estos datos en cuenta, 24 organizaciones ambientalistas habéis pedido al Gobierno vasco que el lobo sea incluido en el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas. ¿Sois optimistas con la posible respuesta del ejecutivo?
En primer lugar, hay que explicar a los lectores que ese Catálogo emana de la legislación vigente aprobada por el Gobierno vasco. Nuestra solicitud demanda la protección de la especie porque el lobo presenta un estatus demográfico precario e incierto, paradójicamente mayor que otras que si figuran. Esa solicitud ha sido efectuada por la sociedad civil vasca. Eso constituye un primer hecho diferencial y dice mucho del cumplimiento de la legislación ambiental vasca y del compromiso de preservación de la biodiversidad del Gobierno vasco y de las Diputaciones forales.
Independientemente de su catalogación o no, vamos a conseguir un pronunciamiento oficial de las administraciones vascas con respecto al lobo, porque hasta la fecha lo desconocemos, aunque por las acciones sabemos que la gestión está exclusivamente basada en controles letales de lobos. Con ello, vamos a «retratar» a los políticos y gestores ambientales vascos porque van a tener que pronunciarse sobre el lobo finalmente. Si la decisión es negativa, el mero hecho de que los responsables de medio ambiente del Gobierno Vasco se pronuncien sobre una solicitud amparada por una sólida argumentación ética, biológica, ecológica, socioeconómica y especialmente, jurídica, constituirá un hito ambiental, histórico e ilegal que desvirtúa hasta la propia legislación vasca.
Lo que vosotros pedís supongo que tiene un coste…
El promedio de ganaderos afectados en zonas con presencia de lobos alavesas es del 4%, siendo 35 el número medio de ganaderos con daños, los cuales soportan 2,3 ataques anuales. El volumen de reses afectadas es el 0,44% de la cabaña ganadera extensiva alavesa en zonas donde hay lobos. Estas cifras revelan el problema de los daños y el tremendismo con el que los medios tratan la incidencia del lobo. La mortalidad natural de reses ganaderas es 5 veces superior a la que causan los lobos pero no es noticia periodística sensacionalista. En los montes públicos alaveses pastan más de 24 cabezas de ganado por km2. En Euskadi hay 360.000 cabezas de ganado ovino, un promedio de 49 ovejas por km2 ¿Cuál es el coste «ambiental» de la presencia de tanto ganado en Euskadi? ¿Se lo ha planteado alguien?

Por tanto, la pregunta que debe formularse es la siguiente ¿cuál es el coste, en términos de servicios a los ecosistemas, de no tener lobos en Euskadi? Además, el lobo es esencia del paisaje y la naturaleza, figura en el acervo histórico cultural del pueblo vasco, en su toponimia y hasta en sus escudos. Incluso si acudiéramos a perspectivas puramente mercantilistas, muchos lugares se han erigido en mecas del ecoturismo atraídos por la presencia de lobos, y esta especie se ha convertido en un motor de desarrollo económico en espacios naturales protegidos donde sus poblaciones están estrictamente protegidas. España, lamentablemente, carece de visión de futuro y explota turísticamente en lugares donde más se los mata. Y Euskadi ni siquiera se plantea este tipo de inercias ecoturísticas, lo cual es más grave aún, sobre todo en medios rurales fuertemente subvencionados donde el ecoturismo debería ser la primera industria.